domingo, 6 de marzo de 2011

Ana

Ana.
Es verdad que la vida es muy corta, y que no merece la pena vivir tantas despedidas ni promesas vanas. Nosotros iremos a parar al hoyo, y los gusanos ganarán la batalla, no la soledad.
Y seguiré sin conocerte mañana, siendo mentira. Quizás me marche y no vuelva, y seré culpable de romper el manojo de escarcha que construimos juntos.
Serán tantas despedidas como tú desees, porque al fondo de la estación, taciturno, sigo sentado esperando.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿Quién soy?

Fui el silencio, el perfume aquejado de los días grises, las ganas de comerse el mundo y la épica de Homero, fui la savia de los jilgueros mientras destronaban prejuicios, fui el río salvaje de la cara oculta de la luna.
Fui sendero donde perderse y albergue para encontrarme, fui un préstamo de sollozos a un interés muy bajo, hombro sobre el que lloraron princesas mientras mordían otros labios, fui el desolado pacer de los caballitos de mar, las fábulas de un pasado desigual.

Hoy soy ávido consumidor de letras, tanto por leer, tan poco tiempo, Dickens, Poe, Neruda, Lorca, García-Márquez, Marsé, dios mío, no me queda tiempo.
Ellos lo vivieron todo igual que tú, igual que yo, y que tantos otros que vendrán detrás, y lo explicaron. Las soluciones a cualquier problema te las darán ellos, no creando fórmulas mágicas, simplemente describiendo como nadie vivencias, euforias y desatinos.
Todo está dicho.
Y entre tanto, vagando por una especie de selva en peligro de extinción por tanta voracidad actual encuentro sin querer otras prosas, no tan famosas, pero sí tan intensas, y es ahí donde me siento acompañado. Entiendo que no estoy solo en este caminar incierto, que somos miles los que deambulamos entre sombras y huracanes, y de esos miles, por casualidad, un día te leí a ti.
Y dentro de esos breves minutos que me acompañas nos conocemos desde siempre, y también noto caricias, empatía, brevedad.
No tengas miedo, no existo, simplemente fui hace tiempo.

Ahora me desvanezco.
Gracias.

viernes, 4 de marzo de 2011

Sigue...

(Para la oveja, cada vez más silenciosa)

Sortear obstáculos, girar caderas, abrazar el viento, esperar el pasado, vaciar la mente, silbar una melodía, cortar tarta, atravesar paredes.
Sigue.
No te rindas.
Beber champán, reír en un bar, escuchar historias, cantar al horizonte, estremecerse, romper a llorar, desnudarse.
Continúa.
Es fácil.
Caminar, trabajar con las manos, limpiar el polvo, saltar a otro autobús, acariciar, comparar deseos.
Venga.
Intentar, equivocarse, levantarse, palpitar, llorar, quemar sus cartas.

Pero sobre todo escribir.
Continúa escribiendo, te necesitan, te necesito, no me gustan tus silencios.

Un fuerte abrazo.

jueves, 3 de marzo de 2011

La calle donde vivo

La rabia es un sentimiento difícil de gestionar.
Hay veces en las que nos aporta una claridad de ideas reconfortante, pero por lo general nos coloca un velo de podredumbre en los ojos que no lleva a ninguna parte. Yo prefiero convertirla en su cuñada, la melancolía, y cambiar la corona de espinas de aquella por el suave edredón de ésta.
Y antes que yo, Joaquín, ya lo explicaba así:

jueves, 24 de febrero de 2011

El silencio de los corderos

Vivimos atrapados en la incertidumbre del tiempo, la libertad es un concepto irónico e irreal que sirve para amansar a los corderos, la dictadura del consumo guía nuestros pasos según las normas de Ford : “les pago para poder comprar los coches que ellos mismos fabrican”
Fantasmas carentes de libre albedrío, pero defensores de la democracia. Pues vale.
Tocan clarines de desorden político y colapso de nuestro actual estado del “bienestar”.
Llamemos a filas a los que, desde la crítica, tienen ganas de reformar sobre las ideas, fracturemos algún que otro credo establecido.
Seamos turcos, seamos egipcios, seamos libios.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Esperanza

Cuando Pandora, en un descuido abrió su caja, salieron de ella todas las desgracias que los hombres conocemos, a saber: la muerte, la desolación, la peste, el engaño, etc. Pero cuando se dio cuenta de su error intentó cerrarla, y consiguió dejar dentro algo que habría que conservar por siempre, la esperanza.
Algunos de nosotros, entre los que me cuento, nos empeñamos en abrir de nuevo las pequeñas cajitas de Pandora y en acabar con nuestra más preciada inversión de futuro, es decir, la esperanza, dejando de lado a todos los que un día nos quisieron y nos dieron su apoyo. La verdad es que así se hace bastante complicado seguir adelante, pero no podemos buscar ningún culpable. Vacías pues las expectativas posibles y los proyectos a largo plazo hay que aferrarse a la verdad que nos dejó Rambo en su segunda entrega, el día a día; y en este día a día no hay generadores más puros de energía y de esperanzas que ellos, los de siempre, los niños.
Ayer mismo, inmerso en una de estas microcrisis de las que les hablo, enfrente de la oficina, pasaba un cliente al que vemos prácticamente todas las mañanas con dos de sus tres nietos; este señor, como tantos otros abuelos se encarga de llevar a los niños al colegio y así me les encontré a los tres, caminando despacio, como en una pequeña procesión. Uno de ellos, que tendrá unos siete años, iba con la cara bastante seria, enfadado por vete a saber qué desplante matutino. Pues bien al llegar a mi altura el chiquillo, harto ya de aguantar su pena en silencio se volvió muy digno hacia su abuelo y le dijo tajante:

-         Abuelo, estás despedido-

Tres minutos y bastantes risas después (el abuelo le pidió dos veces su correspondiente indemnización) siguieron adelante con el ánimo bastante cambiado, ahora el abuelo volvía a ser cómplice y compañero de sus travesuras.

Y el que les escribe se quedó allí, pensando en la ingenuidad, en mares por descubrir, en lo absurdo de nuestras quejas y en lo mucho que puede cambiarte la vida, o al menos el día, algo tan sencillo como la sonrisa de un niño.


lunes, 21 de febrero de 2011

...

Cuando la marea baja estás en el mismo sitio.
Anclado a la misma isla, reconoces el valor de la tierra que un día dejaste de lado.
Tarde, por supuesto, pero lo haces.
Y das por hecho que las fortalezas que asaltaste para después quemar valieron la pena, ¿fue así?

Cuando la marea baja estás en el mismo sitio.