martes, 15 de marzo de 2011

Viernes

Es bueno que no creas en el amor a primera vista,  lo que pretendo hacer contigo esta noche tiene de amor estrictamente el apellido.
Mientras sirvo el vino voy una hora más allá y te contemplo entregándome tu cuerpo henchido y, por qué no, un poco febril. Te sonríes con una brisa encantadora y me hablas de no sé qué, hace tiempo que no te escucho, mi cabeza solo piensa en desnudarte despacio, y mi boca en recorrer partes de ti que ni siquiera recuerdas.
Me permites que te aparte el pelo, es una de tus tácticas, bendita estrategia, bendita velada, bendito viernes. El reloj se para con nosotros y mi mente  vuelve a jugarme una mala pasada, te levantas a rellenar las copas y te proyecta sobre mi, jadeando y gritando no sé qué barbaridades, me pierdo en la franja de piel que puedo ver entre tu blusa un tanto escotada. Estoy acabado.
¿Sueño o te has sentado un poco más cerca? a esta distancia lo que me desarma es tu olor, no hay duda, quieres lo mismo que yo, eso o me he vuelto completamente insensible a tu bombardeo de hormonas. Demasiado cerca, juegas con fuego pequeña, no sigas riéndote, no me cuentes lo que no me interesa, háblame de tus manos y de lo que vas a hacer con ellas, susurra a mi espalda desnuda, deja crecer el deseo en nuestro interior. ¿Dónde me llevas?
Vale, ya muevo yo.

lunes, 14 de marzo de 2011

La 7

Sí, para mucha gente es un número muy bonito, esotérico y cargado de buena suerte, sin embargo a mi simplemente me recuerda uno de los pasajes más oscuros de mi vida.
La 7, la jodida 7.
Con cariño...

viernes, 11 de marzo de 2011

Innovando

Mi trabajo puede resultar en ocasiones bastante aburrido.

Está plagado de tópicos, como por ejemplo: “no os asustéis al ver el trastero”, y nuestra respuesta, muy profesional: “el trastero es para trastos”, otro de los clásicos: “pero este piso necesita reforma, así que en este precio…!!!”. Pero, por encima de todo el trabajo se vuelve aburrido al quedar con los clientes: “sabe usted dónde está el monumento de los toros, pues a las 12:15 le espero allí” o “¿conoce usted el ayuntamiento de Sanse?  pues quedamos en la puerta sobre las 18:00”. Se acabó.
Voy a empezar a innovar y echarle un poco de pimienta al asunto…

Por ejemplo, cuando quede en el monumento de los toros lo haré así:
“¿Sabe usted dónde está el monumento de los toros? pues le espero subido al segundo toro empezando a contar desde la derecha, a lo mejor tiene problemas para reconocerme, no se preocupe, seré el único ser humano del conjunto”, os dejo una foto para visualizarlo:



Otro de los sitios donde suelo quedar es en la iglesia de San Pedro de Alcobendas, pues la próxima vez que quede con un cliente le diré “¿Sabe donde está la iglesia de San Pedro, pues quedamos a las 20:00 allí? ¿Cómo que dónde? pues, dentro, yo estaré oficiando la misa, con mi correspondiente carpeta azul en la mano, por supuesto…”

Y puestos a rizar el rizo, en veranito, cuando suelo quedar en la plaza del pueblo de las “villas” del norte (Fuente el Saz, Cobeña, Daganzo), siempre, no me preguntéis por qué, quedo en las fuentes que, siempre, hay en estas plazas, pues bien, en cuanto empiece a hacer más calor me planto el bañador y quedo con el próximo cliente  “en la fuente de la plaza, pero dentro, por supuesto, con mi carpeta azul”

Ya os contaré si todo esto sirve para dar algo más de alegría a mis monótonas visitas.
Buen fin de semana!!!


¡Grita!

Con todos mis respetos


Si nunca has soñado, despierta
Si estás pegado al suelo, vuela
Si estás apagado, estalla
Si te sientes herido, muerde

Si bailas con tu sombra, apaga la luz
Si vives de retales, cómprate un traje
Si la semilla se muere, riégala
Si Dios te ha abandonado, reniega

Si el llanto está salado, échale azúcar
Si te han dejado plantado, arráncate la raíz
Si la soledad te abraza, asesínala
Si tu barco ha zarpado, quémale las velas

Si te dicen que caí.
No les creas.
No es verdad.


jueves, 10 de marzo de 2011

El sonido del silencio

¿Habéis escuchado alguna vez el silencio?
Ya sé que parece una pregunta un tanto absurda pero hoy me ha venido otros de mis “remembering” de las últimas fechas; veréis, en mi juventud (cuando era más joven que ahora, que estoy hecho un chaval, je,je) hacía atletismo, sin mucho éxito, pero con dedicación plena, entrenaba seis de siete días y llegué a hacer mis pinitos en alguna competición a nivel regional, la prueba en la que más destaqué eran los 400 metros vallas, que para los no muy entendidos es dar una vuelta completa a la pista sorteando 10 vallitas a una altura de unos 91 cm. cada una. Aunque no era una distancia considerada de velocidad pura, en los momentos previos a alguna competición algo importante (campeonatos regionales, ligas de clubes, etc.) se respiraba en las pistas una sensación que nunca he vuelto a vivir, se escuchaba el silencio.
Comenzaba con la voz de “en sus puestos” que daba el juez de salida, entonces era como si el mundo se detuviese, silencio y sangre bombeando dentro de la cabeza, en el pecho, incluso en las piernas… nos colocábamos en los tacos de salida, y tras el “listos” el silencio se multiplicaba por dos, precisamente en el momento antes del disparo de salida, se podría pensar que uno estaba dentro de una campana de vacío, donde no se oía ni el más mínimo murmullo, de verdad que era emocionante.
Para los que nunca hayáis experimentado esta sensación os recomiendo que vayáis a ver alguna competición de este tipo, aún en categorías juveniles, es algo que marca.
Es algo parecido al momento después de declararte a esa chica que desde hace tanto tiempo te gusta, a la misa de un difunto, o a bucear bajo el agua en una piscina sin gente.
Y si no os convencen estas explicaciones, ahí os dejo a este par que lo describieron bastante bien.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Amigo

¿Qué futuro me propones? Tengo que saberlo para sopesar mis oportunidades.
Creo que piensas que voy a subir de nuevo a la montaña rusa, esperando a que el operario apriete el botón. Esperas que me crea que tras la incineración de mi parte racional el vientre va a tomar posesión de mis actos y la vida se convertirá en un camino de rosas. Me subestimas.
Ya he charlado contigo otras veces, incluso hubo un tiempo en el que te planté cara y te puse boca abajo, y te quedaste ahí, haciendo el pino, hasta que yo te permití darte la vuelta, tal era mi determinación, pero hoy prefiero ni tocarte, y aunque no te lo creas, a veces ni te escucho.
Tú seguirás ahí, inexorable con el paso de los años vendiéndome motos que jamás te compraré, no por que no me gusten, sino porque tú mismo me arruinaste, y no voy a hipotecarme por ti ni una vez más, lo juro. Te disfrazarás de timidez, de candor y de desamparo, todo inútil, aprendo rápido y sé reconocer tus mil caras. Me harás llorar de nuevo e insultar a un dios en el que no creo (de ahí las minúsculas), y renegar de tu supuesta equidad.

Destino, puntual amigo, eterno enemigo, me has defraudado.

Te plantas ante mi con forma de puta barata para proporcionarme placer profesional, caduco y conocido, pero te repito que es tarde, te conozco demasiado. De hecho he tomado la decisión de asesinarte, así de crudo, así de sencillo.

Solamente necesito temple para que, en una de las puñaladas que aseste, no termine también conmigo mismo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Mi lucha

De pie, juntos, a unos centímetros de las barricadas me llegaba el olor a sudor de los grises y su cara de odio, algún chaval algo más joven reflejaba algo más, miedo.
Y tú a dos palmos me sonreías, con tu gabardina marrón y gorra medio calada, el pelo recogido, valiente. No me acuerdo de qué iba la protesta, qué era los que nos movilizaba de nuevo, tras varios altercados de ese tipo, pero sí me acuerdo de mi lucha.
Yo luchaba contra tu presencia, contra ese compartir velado de absurdas convicciones, contra tu mirada arrullada por las farolas de la facultad en ese extraño noviembre. Luchaba contra tus camaradas abrazos, contra el rubor en tus mejillas al verme proclamar libertad en público, contra tu indiferencia al acabar el curso, contra las vacaciones que nos separarían, tú a Reus, yo a no se qué oscuro calabozo.
Y mientras luchaba contra ti te escribía las cartas desde mi celda, sabiendo cómo terminaría todo, tú en brazos de algún niño de papa amigo de la familia veraneando en Sitges con varios críos a los que pondrías nombres evocadores: “Pablo, Ernesto, Simone…”, y yo anclado en un tiempo pasado del que no lograría escapar, adelantado de nuevo por los acontecimientos, mausoleo de progre requemado.
Pero aunque conocía el final, tú me seguías sonriendo, y eso era todo lo que necesitaba.
Pañuelo a la boca, puños apretados y de nuevo a la carga: “¡Fascistas!”