Estás bailando de nuevo, aunque pueda ser contraproducente,
te empeñas en subir por la cuerda con una fina vara en tus manos. Creo que
necesitarías un cortafuegos natural, un paso cambiado, abrupto, ciego, que te
hiciera despertar, o al menos una gran trompetilla para escucharte cuando
hablas con otros de ella.
¿Es normal que seas su refugio? hasta hace bien poco eras el
matasellos de su ignorancia y ardías por helarle las venas, hoy te pinta en sus
sueños al óleo como capitán y cofre de toda su dicha. ¿Estarías ahora escribiendo sin existir en ti?
ciertamente no, lo sabes y solo te engañas a los postres.
Necesitas de un respirar sereno, sol y natillas de las de
galleta María encima, un cuadrúpedo ladrador y un par de azadas sedientas de
tierra, un sendero, un buen bolsillo y una fuente, tres helados de limón, un
kilo de sus lunares y una concha de peregrino.
Y tener claro que lo que hoy se olvida mañana probablemente
ni exista.
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